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Cruzada por los valores

Cruzada por los valores

Tirados en el piso, entre hojas sueltas y lápices de colores, los chiquillos pintan su mundo. La mañana promete. Luego fabricarán y echarán a volar papalotes hacia el Sol, pasarán de mano en mano una pelota, teñirán sus rostros con los tonos de la vida y hasta jugarán a enmascararse. En algún momento, un alto para merendar, comer una pizza, compartir con bien poco. Se escuchan carcajadas, abrazos, afectos. Mañana viajarán por un chapuzón a la playa.

Niños y jóvenes de comunidades lejanas del municipio espirituano y de repartos periféricos en la propia ciudad se convierten en protagonistas de los llamados campamentos de verano, organizados por las religiosas del Sagrado Corazón de Jesús, cuatro monjas de la iglesia católica que prestan sus servicios aquí. Seguir leyendo »

El viejo puente

El viejo puente                    “El puente siempre se queda y el agua siempre se va”

Manuel Benítez Carrasco*

 

Tres siglos después de nacida, la ciudad fundó un paréntesis para abrazar sus dos hemisferios, para surcar de una ribera a otra el río que regaló un apellido en condominio a los espirituanos cuando corrían aquellos tiempos distantes de aguas cristalinas y seductoras, de márgenes sombreadas por pomarrosas y ramos de maravilla. Seguir leyendo »

Peter Pan (Foto Avión)A más de 50 años de oficialmente concluida la Operación Peter Pan, vale recordar el testimonio de una espirituana que envío sus hijos a Estados Unidos y jamás consiguió reencontrarse con ellos, una tragedia que también involucró a miles de familias cubanas. Seguir leyendo »

Fidel y Chávez: 500 años de compañíaHugo Chávez ha dejado de respirar. Hugo Chávez no ha muerto. Algunos hombres, cuando se marchan, se multiplican. El legado de este hombre, como líder natural no solo de Venezuela, sino de toda América Latina, es imposible de sepultar.

Si, según ya cuenta la historia, el 4 de febrero de 1992, Hugo Chávez recibió en ceremonia familiar el escapulario de su bisabuelo, el general Maisanta, ahora comienza a multiplicar un legado mayor: ha tomado la senda de los grandes héroes del continente y junto a Simón Bolívar, San Martín, Francisco de Miranda, José Martí, el Che, comanda por derecho propio las tropas desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

Fidel y ChávezEn vida, Hugo Chávez construyó una amistad indestructible con Fidel Castro y con Cuba: “¡Ay, Dios mío! Esto es como una novela de esas que escribe el Gabo, pero en vez de 500 años de soledad, nosotros tendremos 500 años de compañía. Fidel para mí es un padre, un compañero, un maestro. Algún día habrá qué escribir tantas cosas de todo esto que estamos viviendo. Se ha venido fraguando una relación tan profunda y tan espiritual. Ambos tendremos que agradecerle a la vida el habernos conocido”.

Según cuentan los libros recién publicados Cuentos del arañero y Chávez nuestro, el líder venezolano escuchó hablar por primera vez de él con apenas ocho años por los amigos de parranda de su padre, cuando contaban de Fidel Castro, el barbudo de la guerrilla.

Se conocieron en diciembre de 1994 cuando el joven teniente coronel de paracaidistas Hugo Chávez visitó por primera vez a Cuba después de ser encarcelado por liderar la insurgencia que buscaba subvertir la desigualdad en un país donde el 60 por ciento de la población clasificaba en los estándares de pobreza.

Ambos forjaron casi 20 años de amistad sin protocolos ni encartonamiento, sino con empatía, respeto, altruismo, lealtad y sentido humanista. Sobre esa base nació y creció la colaboración entre ambas naciones, que hoy suma más de un centenar de proyectos en diversas ramas.

Los analistas han subrayado que el pedestal de ese acuerdo se ubica en el acceso de Cuba a los Hidrocarburos -que disfrutan otros países del Caribe- en condiciones preferenciales, y la retribución de la isla con capital humano, con miles de colaboradores en las áreas de salud, deporte, cultura, quienes mucho han contribuido a fundar la inmensa obra social de la revolución bolivariana.

Pero Fidel y Chávez no ensamblaron por ataduras comerciales, ni siquiera por la salvación de dos naciones. Fidel y Chávez refundaron América como continuadores de Martí y Bolívar. Con carisma y elocuencia, unidos por el cordón umbilical de un antiimperialismo consecuente y sus conocidos desaires a los emperadores del Norte, juntos desbancaron el ALCA colonizadora por el ALBA solidaria.

Fidel inauguró en Latinoamérica la teoría y la práctica del socialismo. Chávez, en plena oscuridad neoliberal, reinstaló la actualización de ese proyecto como alternativa posible que abrazaron no pocos países de la región. Luego todos unidos, con Venezuela y Cuba en el epicentro, protagonizaron iniciativas integracionistas sin precedentes: desde Petrocaribe y el Banco del Sur hasta la Operación Milagro y la CELAC.

Como los grandes, desmontados de los altares y con total desenfado, también se gastaron bromas y hasta hubo trampas en un juego de pelotas. Con su verbo campechano, Chávez contó cómo le tiró piedrecitas a Fidel por un tobillo para que acortara unos de sus extensos discursos y cómo salvó a más de un interlocutor de esa ansia preguntadora incansable.

Por el encanto de esas anécdotas, por la humanidad y sencillez que transpiran prefiero reproducir fragmentos de algunas de ellas aquí como un canto, como el mejor tributo al pacto de amistad que firmaron los dos Comandantes, por derecho propio columnas ya nuestra América.Fidel Castro y Hugo Chávez

NO QUERÍAN QUE VIERA A FIDEL

Una madrugada, caminando por Miraflores, merodeando por ahí, llego a la central telefónica y está un muchacho medio dormido: “¡Epa!, ¿qué fue? ¿Qué llamadas hay por ahí?”. Y me pongo a leer el libro de llamadas. Consigo como tres o cuatro llamadas de Fidel Castro. Fidel llamando, que quería hablar algo conmigo. Cuando yo recibí el Gobierno, el 2 de febrero, Fidel estuvo aquí hasta el 4 de febrero. Recibí en ese despacho a no sé cuántos presidentes. Vino el colombiano, vino el Príncipe de España, vino la Presidenta de Guyana, vino Menem, casi que vino Carlos Andrés Pérez. Pues, me decían: “Esto es lo que está en la agenda”, “esto fue lo que se coordinó”. Yo era un ingenuo, yo era un nuevo: “Ah, bueno, está bien, que pase”. “Que ahí llegó Menem”. “Ah, bueno, que pase”.

Y resulta que me entero, después del desfile que hicimos el 4 de febrero, allá cuando entregamos el estandarte a los batallones de paracaidistas, que habían eliminado el batallón Briceño.

Llego aquí y prendo el televisor después del desfile, y veo que está alguien, un funcionario de Cancillería —ni siquiera el Canciller— despidiendo a Fidel en el aeropuerto. Fidel con su uniforme. Yo lo veo que se monta en el avión, y digo: “¡Dios mío!, Fidel estuvo aquí todos estos días y yo no lo he recibido”. Sencillamente no querían que yo recibiera a Fidel. Era Menem, era el secretario de la OEA, era el establishment, solo que yo —veguero al fin— me fui dando cuenta, y también empecé a hacer mi jueguito. Hasta que ese jueguito llevó a la confrontación inevitable, al golpe del 11 de abril y al contragolpe revolucionario.

HASTA QUE SE LEVANTE

A veces uno aguanta calla’o, pero hay momentos que no aguanta más. Por casualidad, Fidel se enteró de que yo estaba en un chinchorro, echa’o, como decimos en el llano. Creo que andaba también enfermo un poco del alma, después del golpe y todos aquellos largos días de mucha tensión. Hay un momento en el cual yo enfermé, ¡pum!, un día, dos días, tres días, y Fidel mandó uno de sus médicos que tiene con él muchos años, y otro grupo más. Les dijo: “Ustedes no se vienen de allá hasta que Chávez no se pare del chinchorro ese que tiene guindado”. Y llegaron: “Que tenemos una orden, no nos vamos de aquí hasta que usted…” Bueno, me levanté a los pocos días.

¡EL COLMO DE LOS COLMOS!

El próximo domingo es trece. Bueno, será un Aló Presidente especial, dedicado a tu cumpleaños, Fidel, ochenta años. Hay que recordar que Fidel, precisamente aquí en el estado Bolívar, cumplió setenta y cinco. ¡Ah!, esa vez me tenía loco a preguntas. Él empezó a preguntar y a preguntar, y yo te mandé a llamar a ti (gobernador Francisco Rangel), y después tú mandaste a llamar a un técnico, porque él quería saber. Bueno, primero el tendido eléctrico, que lo inauguramos el día siguiente. Él estuvo preguntando cuánto valía un kilovatio, en cuánto salió construir cada torre, en cuánto salía el kilómetro de cable, cuántos cables eran, la tensión de los cables, cuántas torres, bueno, y a cuánto le vendíamos a Brasil el kilovatio por hora.

Ahí le respondimos casi todas las preguntas. Pero cuando íbamos en el lago, navegando en la canoa, me dijo: “Chávez, ¿qué velocidad tú crees que trae el agua allá en la cascada?”. Me dieron ganas de empujarlo al agua. ¿Qué voy yo a saber? “Pero calcula, echa un cálculo allí de cuando viene cayendo el agua, no es muy difícil, tú haces así y más o menos calculas. Calcula tú”, me dijo: “Debe venir como a 300 kilómetros por hora y cuando está llegando abajo 350”, respondí. Pero después me dice: “¿Y qué profundidad tendrá este lago?”. “Tendrá como 15 metros”, yo inventando. “¿Y la temperatura del agua?”. “Bueno, no sé, chico, será como 20 grados”. Entonces, mete el dedo en el agua y dice: “No, 17,5 grados”. ¡El colmo de los colmos! ¡El preguntador sin fin!

TE EXHORTO A QUE CONTINÚES

A veces uno se cansa, y Fidel se enteró que yo hice algún comentario de un cansancio como espiritual, no tanto físico, porque uno se acuesta un ratico y pone los pies pa’ arriba. El cansancio espiritual es el más duro, ustedes saben. Y Fidel se enteró, me mandó un mensaje: “Quiero verte”. Aproveché un momentico y pasé por allá. Pero antes de ver a Fidel, di unas vueltas por un pueblo y qué cosa no, cuando estoy parado hablando con unos muchachos que iban en una carreta, eso fue lo que me hizo que me parara. ¿Saben? Ver al pueblo luchando aquí o allá en cualquier parte.

Unos muchachos muy jóvenes en una carreta tirada por una mula, montaña pa’ arriba. Nosotros veníamos en carro, yo me paro: “¡Epa, muchachos!”, “Chávez”, me dicen los muchachos, “¿qué hace por aquí?”. “Bueno, chico, por aquí” “¿Y para dónde van?”. Y me dicen: “Allá, mira, allá en aquella montaña está nuestra escuela”, un tecnológico “y tenemos que ir a presentar un trabajo”.

Por ahí no hay transporte. Ellos hicieron la carreta de palo y una vieja mula de esas buenas pa’ allá, pa’ arriba compadre. Eran como las ocho de la mañana “¿Y a qué hora es la presentación del trabajo?” “A mediodía nos citó el profesor” “¿Cuándo regresan?”.

“Regresamos esta tarde”. Esa es voluntad de superación, de lucha, porque es un pueblo que está bloqueado por los yanquis, bloqueado duro. Les niegan muchas cosas, le sabotean muchas cosas.

En eso estoy hablando con los muchachos y oigo un ruido en la montaña, en el monte que viene. Aparece un hombre con una mula, y los muchachos cuando me vieron se sorprendieron mucho, cosa natural y “¡Epa, Chávez, qué hace!”. El hombre aquel no. Me sorprendí de la imperturbabilidad de aquel ser humano. Él baja en la mula y me ve: “Chávez”. Pero imperturbable se bajó de la mula, nos dimos la mano. ¿Sabe lo que me dijo? Como si me hubiera leído no sé, yo no sé si fue que Fidel lo mandó. Estoy seguro que no. Estaba mi hijo conmigo. Aquel hombre me dijo: “Chávez, en tu lucha no tienes derecho a cansarte. Te exhorto a que continúes”. Y yo le digo: “¿De dónde tú sacas ese exhorto?”.

“No sé, es lo que se me ocurre decirte”. Y entonces me dijo: “Soy pastor evangélico. Dios te puso aquí en esta esquina y llegué yo y eso fue lo que me salió del alma. Te exhorto a que continúes”. Y después Fidel me lo repitió: “Te exhorto a que continúes”.

La nieta del General

Victoria Sánchez Bonachea

Testimonio exclusivo de Victoria Sanchez Bonachea antes de morir. Sobrina de Serafín y nieta de Ramón Leocadio, Victoria Sánchez Bonachea contó anécdotas sobre Martí, Máximo Gómez, su tío y abuelo salidas de una memoria codiciable cuando ya su almanaque sobrepasaba los 90 años.
Con perdón de sus respetables autores, pero los libros sobre la historia jamás sustituirán la emoción del testimonio vivo. Un día cualquiera del 2003, pasadas las nueve de la mañana, franqueamos la entrada de la sencilla casa en el Vedado capitalino donde vivía Victoria Sánchez Bonachea, entonces la sobreviviente más cercana de los patriotas que tan alto han hecho trascender a esta región en los anales de Cuba. Una duda precedía el encuentro: ¿qué recordaría esta mujer al borde de los 92 años?
Pero casi desde el saludo Victoria Sánchez Bonachea arrasó con la incertidumbre y destapó una memoria inalcanzable para las nuevas generaciones. Diminuta y algo encorvada, apenas apoyada en el discreto sostén que atenuaba los rezagos de una fractura de cadera, la cabellera totalmente blanca, vestida con elegante sobriedad, muy limpia y olorosa a agradable colonia, durante alrededor de dos horas desgranó testimonios quizás irrepetibles. Guardaba un raro privilegio: ser parte del tronco vivo de la historia. Seguir leyendo »

I

“Se me está muriendo el tiempo,
pero yo no lo dejo que se me muera.
Tiempo no te mueras,
siempre hay algún lugar para estar.”

Guillermo Vidal

Amanece primero de enero de 1901. Mañana azul claro, frescor invernal, bostezo largo después de la disipación. Buenos ánimos. Las ausencias de los archivos echan a un lado la memoria y dan vía libre a la imaginación. Sancti Spíritus entró por la puerta del siglo XX detenida al borde de su magia colonial, entre tejados y rejas, guitarra y ganados. Seguir leyendo »

“Pensamos que es una ocasión privilegiada, que facilitará el reencuentro con nuestras raíces cristianas y católicas, con nuestra identidad como pueblo, que en medio de los avatares de la historia y de las luchas de cada día busca la felicidad verdadera, busca una vida más plena y llena de sentido”, comentó a esta Blogs Sor Indira Yanis González Shoda, monja espirituana de la Congregación Siervas de María, Ministras de los Enfermos, a propósito de la vista del Papa a Cuba. Seguir leyendo »

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